Origen de Echu
La oscuridad total, eso fue Aima u Orima, lo primitivo; el
reino de Echu.
Una capa encima de la oscuridad era el cónclave que
contenía los cimientos de una existencia subsiguiente.
Dentro del cónclave transparente existía el núcleo
de luz, aire, agua, espacio, morada y reino de Oloddumare.
En la plenitud de los tiempos, Oloddumare ordenó a
la luz que brotara pronunciando o no yoo* y de esa forma Él iluminó la
totalidad de Orima o lo primitivo. Toda la oscuridad del reino de Echu fue
iluminada, él levantó la cabeza para indagar.
¿Quién es este?
Oloddumare respondió: Yo soy Oloddumare y vi que la oscuridad que nos rodea no proporciona la base para la plenitud de la existencia. Por esa razón yo creé la luz para que la vida pueda florecer y embellecer.
Echu le respondió: Yo poseía la inmensa mayoría del
espacio, este era todo oscuridad excepto la parte microscópica que usted
ocupaba. Acepto que la oscuridad no conduce al desarrollo orgánico de la vida
(esto explica por qué Echu no tiene capacidades creativas), sin embargo prometo
moverme libremente bajo la brillantez luz.
A lo cual Oloddumare accedió
Inmediatamente Oloddumare continuó con su labor
creadora. Plantas, animales y divinidades se multiplicaban y fue el momento que
aprovechó Echu para hacer sus famosas proclamaciones:
Cualquier tipo de vegetación que florezca bajo el brillo de luz, se convertirá en mi terreno de labor y cualquier ser que se cree en la inmensidad del espacio, se convertirá en mi sirviente y asistente...1
Esta declaración, válida desde el comienzo de los tiempos, ha regido y marcado al hombre que, sin embargo, no ha analizado con profundidad su trascendencia y equivoca los pasos cuando pretende enfrentarse al mal. Echu dejó claro que él comenzaría a penetrar a las criaturas de Oloddumare, quien no creó el mal, pero tampoco podría impedir que él desarrollara su estrategia. De sus palabras se desprende que solo el reconocimiento a su presencia en el universo impediría que persistiera el eterno enfrentamiento entre el bien y el mal, la franqueza y la confusión, la verdad y la falsedad, la guerra y la paz, la vida y la muerte, la luz y la oscuridad y lo que el hombre ha dado en llamar el antagonismo entre Oloddumare y Echu.
El estudio y la investigación de textos de Ifá apreciados como de un alto valor en la más antigua tradición de la cultura yorubá, revelan de forma muy definitoria que Echu no es un producto de la Creación de Oloddumare. Sin embargo, muchos autores le atribuyen a esta deidad un origen incierto al basar sus estudios en historias de Ifá, que han perdido autenticidad con el embate del tiempo y la transculturación.
Aunque la historia anterior es suficientemente
reveladora, existe otra, pero del odu Ogbe Idí, la cual confirma que Oloddumare no
creó ni a Echu ni al mal.
Fue este odu quien reveló que Orichanlá fue la última de las divinidades creadas por Oloddumare al descubrir que Echu se había infiltrado en las filas divinas y tomado posesión de las mentes de las primeras doscientas deidades.
El debía actuar como si fuera la encarnación de los
propios deseos de Oloddumare en términos de bondad al tratar con divinidades.
Sin embargo, como advirtió a Oloddumare en la
Creación, pronto Echu tomó posesión de sus mentes y comenzó a manipularlas para
que cumplieran sus deseos. En lugar de comportarse como ejemplos de excelencia,
según Oloddumare esperaba, se volvían antagónicas y destructoras unas con
otras. Así fue como Echu demostró que aunque él era incapaz de crear, era capaz
de mutilar los productos de la propia obra de Oloddumare.
Orichanlá es la única deidad sobre la cual Echu no puede influir, aunque es un hecho histórico el que Echu a menudo lo tentó creándole problemas. Orichanlá pudo neutralizar las maquinaciones de Echu gracias al sacrificio que hizo:
El pavo es la única criatura que desarrolla barbas desde la infancia.
Ese fue el nombre del sacerdote de Ifá que adivinó
para Orichanlá antes que él ganara la supremacía sobre las doscientas
divinidades.
Después de la adivinación, le dijeron que hiciera un
sacrificio con un chivo,
doscientos y un cocos,
un carnero padre y un pedazo de tela blanca. Oloddumare
invitaba a todas las deidades para amonestarlas, ya que no estaban cumpliendo
los mandamientos que Él había dado en el momento de la Creación. Les dijo que
al caer víctimas de las maquinaciones de Echu, habían ayudado para que
triunfara el mal sobre el bien, y que daba la impresión de que las había creado
para que hicieran el mal.
Oloddumare se proclamó como la encarnación de la verdad, la bondad y la justicia, que cuanto mal ellas hicieran eso las sentenciaba como seguidoras de Echu y no como sus hijos. Advirtió que mientras se empeñaran en practicar el mal, esos actos limitarían la eficacia de la autoridad que les había entregado, mientras cada acto de bondad aumentaría su poder.
Oggún, a quien se consideraba como la primogénita y la más poderosa de las deidades, preguntó a Oloddumare por qué razón Él permitió a Echu que las despojara y tomara la fuerza viva, y por qué le dio la autoridad que él empuñaba.
Le preguntó por qué no borraba las fuerzas del mal de la faz de la Tierra, ya que era Todopoderoso. Después de una pausa, Oloddumare proclamó que Él no era un arquitecto del mal como ellos pensaban, entonces les preguntó, si como sus servidores podían encerrar a sus hijos en una habitación y poner a un lobo en su interior. Todos respondieron de forma negativa. Después reveló que Él no creó a Echu, y todas las deidades quedaron mudas. Le tocó su turno a Obalifón, que preguntó quién había sido entonces el creador de Echu.
Orúnmila añadió que él siempre había estimado que
Oloddumare creó a Echu para poner a prueba la firmeza de las demás divinidades.
Oloddumare les preguntó si no habían observado que Echu nunca estaba presente en las asambleas diarias que realizaba el Consejo Divino. Todos recordaron que Echu nunca había sido invitado.
Oloddumare agregó que así como el pavo desarrollaba las barbas desde la infancia, Echu existía de forma independiente y con su propio poder. Tanto Echu como Él vivían en Aima u Orima antes que Él comenzara su obra de Creación.
Les reveló que lo primero era una ancha esfera de oscuridad total en la cual Él, ocupaba un enclave microscópico que contenía el único núcleo de luz y vida, y el que en la plenitud de los tiempos se transformó en la existencia de la Divinosfera, el Cielo y la Tierra.
Oloddumare terminó el relato revelando que cuando creó la luz para eliminar la oscuridad, lo primero que Echu se sintió motivado a hacer, fue jurar que quebrantaría sus esfuerzos creadores. Recordó que Echu se jactaba diciendo que toda vegetación creada bajo el cetro de luz, sería su propio terreno de labor, y que todo ser que creara sería su sirviente.
Oloddumare reveló que aceptó el desafío de Echu,
creando a Orichanlá como su representante, con sus propios rasgos, dotado de
firmeza y determinación. Las otras divinidades estuvieron de acuerdo,
reconociendo a Orichanlá como presidente del Concilio Divino, siempre que
Oloddumare no estuviera en condiciones de asistir
Echu existe independiente de Oloddumare y representa, de hecho, la infinita oscuridad del universo. Por eso se le asocia con lo intangible, sabemos que está ahí, al acecho, pero se torna subjetivo porque no lo podemos ver. Su incapacidad para crear es la causa de que lo relacionemos con las fuerzas del mal y aunque Oloddumare no puede eliminar una energía con la que cohabita desde el principio de los tiempos, espera que sus criaturas utilicen la inteligencia para defenderse y no sucumbir por las maniobras empleadas por Echu.
La influencia negativa de Echu afecta no solo a los humanos, sino también a las divinidades. Cuando Oloddumare decidió enviar a las primeras doscientas deidades para poblar la Tierra por primera vez, ya Echu las había manipulado en el Cielo y buscando una vía para facilitar sus intenciones, se propuso bajar a nuestro mundo como la divinidad doscientos uno. Esta decisión los convierte, aparentemente, en una deidad como las demás, pero tiene diferencias notables: No fue creada por Oloddumare. Como energía independiente, con características propias, actúa libremente sobre el resto de las criaturas. No bajó a la Tierra con ningún instrumento divino otorgado por Oloddumare como sucedió con las otras divinidades.
A pesar de estas desigualdades
avaladas por un origen diferente, su procedencia se aborda en los mitos de un
modo similar al del resto de las deidades y se difunden historias con puntos en
común o completamente divorciados, pero que trascendieron porque nuestros
antepasados supieron encontrar la forma de vencer al tiempo.